Arquímedes y la fuerza imparable del progreso

A lo largo de la historia humana se ha denigrado el conocimiento como algo reservado exclusivamente a la erudición y el ocio de las clases pudientes.

Arquímedes, el filósofo de Siracusa, ocultó siempre que pudo su afición por las aplicaciones prácticas del conocimiento porque los sabios que le precedieron lo consideraban algo de esclavos y mercaderes. El sabio griego asentado en Sicilia fue el primero —con excepción de Tales y su vengativo alquiler de prensas de aceite— en demostrar lo contrario, hasta enfrentar este poder del conocimiento al poderío militar más inmenso de la época: Roma; en pugna con su único equivalente como potencia e inútil aliado de su ciudad: Cartago.

arquimedes

Entre sus hallazgos vemos como para calcular el área bajo el arco de una parábola obtuvo un sistema de cómputo precursor al cálculo diferencial, 2000 años antes de Newton y utilizando los números griegos en vez de los arábigos. Fue el primero en calcular la cantidad de granos de arena del mismo mar y no conforme con eso presentó la cantidad de los mismos que serían necesarios para cubrir la Tierra con ellos. Misma Tierra que dijo poder mover si le concedían un punto de apoyo, ya que su aplicación de los principios de la palanca y las poleas compuestas creó asombro cuando con una sola mano alzó un barco cargado hasta los topes de mercancías y pasajeros. La bomba centrífuga para elevar agua que se sigue usando tal cual en la actualidad, calculó el número PI con bastante exactitud, la rueda dentada para la mecánica, el odómetro para medir distancias, el mismo torno e incluso se atrevió a medir el diámetro del astro que más le fascinó: el Sol.

Su hallazgo más famoso fue el principio de flotación o principio de Arquímedes que utilizó para medir el volumen de una corona fake que querían encasquetarle al Rey, descubriendo a la par que “un objeto sumergido en un fluido en reposo recibe un empuje equivalente al peso del fluido desalojado”. Cuando se le encendió la bombilla estaba en unos baños públicos y salió en pelotas gritando por la ciudad como un jodido loco: “¡Lo encontré, lo encontré!” que en griego viene a ser el famoso “¡Eureka!” tan usado ante un descubrimiento. Un poco zumbado también estaba, yo que sé, como todos; y el joyero trolero pues acabó ejecutado por creer que podía engañar a la ciencia y no solo al tirano progre de Siracusa.

Cuando contaba ya la edad de 70 años los romanos se presentaron asaltando la ciudad, siendo el principal encargado de diseñar la defensa de la misma hasta obligar a los romanos al asedio prolongado durante dos años y a utilizar las intrigas como último recurso para tomarla. Mejoró el sistema del lanzavirotes y la catapulta aumentando distancia y puntería, entre muchos otros artilugios, permitiendo así concentrar estos recursos frente al asalto por tierra. En el puerto en cambio montó garras (manus ferrea) con poleas para elevar los barcos romanos que pretendían colocar sus escalas desde ellos, hundiéndolos y haciéndolos huir en desbandada. Se cuenta también que ingenió los espejos ustorios de la imagen gangsta, pero probablemente no sean más que un mito fruto de miedo e incomprensión a ingenios como el fuego griego o similares, pero perduró a lo largo de los siglos y mientras estuvieran los barcos en reposo el ingenio era perfectamente posible.

arquimedes miguel g macho

En general fue como contó Plutarco en sus relatos, los romanos se encontraban tan nerviosos con los inventos de Arquímedes que la aparición de cualquier viga o polea en las murallas de la ciudad era suficiente como para provocar el pánico total entre los sitiadores, negándose en redondo al asalto de la ciudad y hasta desobedeciendo órdenes directas de sus superiores. No era magia como se decía, sino Arquímedes y su ingenio enfrentado al ejército más poderoso de la época.

Llevó a la perfección la aplicación de la ciencia al área más deleznable, pero a veces necesaria para defenderse de la misma cuando te la imponen a la fuerza: la guerra. Como él mismo dijo según cuentan: “Yo que tanto amé la paz y libertad de los hombres, en el ocaso de mi existencia me veo preparando la guerra”. Y así fue, liándosela pardísima a los romanos hasta que gracias a la traición de un paisano penetraron en la ciudad y un simple soldado le mató por la espalda mientras estaba enfrascado en unos cálculos con el número PI, aunque hubiera orden romana de no tocarle. El soldado no lo tuvo que pasar muy bien después, la verdad.

Este tipo de personajes son los que personalmente más admiro y los englobo en un todo por considerar el progreso una fuerza ambivalente mucho más poderosa que cualquier fuerza de la reacción. Desde los pioneros como Tales y Arquímedes, pasando por las víctimas de la reacción de la fe como Galileo o Giordano Bruno, hasta los padres del mundo moderno como son Newton, Karl Marx, Faraday o el mismo Einstein que fue de los más afortunados en vida. Todos intentaron dar el siguiente empujón, a casi todos se les calumnió hasta rozar el absurdo en la intransigencia de sus respectivas épocas y todos nos regalaron eso que antaño era exclusivo de las clases dominantes que es el conocimiento heredado de la humanidad.

Salud y eureka, si eso.

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