El negro y la vieja facha

Paso la salida del metro de Aluche, en Madrid, y voy unos 5 pasos por detrás de una anciana con un abrigo de visón, pendientes de perlas y un peinado recién salido de la peluquería; luciendo estereotipo pepero a rabiar. Pasamos ambos indiferentes al lado de unos manteros que venden DVDs y bolsos de China Vuitton, cuando la señora al ir a guardar el bono y el monedero en su auténtico Louis Vuitton, pues se le cae todo al suelo sin que se dé cuenta. Voy a recogerlo para quedarme con toda la pasta cuando uno de los manteros se me adelanta dejando sola su mercancía, para ponerse a perseguir a la señora con el fin de devolvérselo.

-¡Puto negro!- exclamo en alto de impotencia al perder mi botín, como buen blanco deshonesto.

Al negro le cuesta un poco que la señora le haga caso, porque al principio se asusta de que alguien como él le dirija tan enérgicamente la palabra. La desconfianza no dura mucho, enseguida entiende lo que quiere cuando ve su monedero en manos del sinpapeles, un joven subsahariano casi en harapos que vende ilegalmente productos de imitación para poder comer algo y pagarse una cama caliente cada noche.

-¡Ay, muchas gracias majo!- agradece la anciana casi dándole un achuchón, pero guardando las distancias como si estuviese infectado.
-De nada, de nada, ssseñora- pronuncia con marcado acento el negro, inclinándose y esbozando una infantil sonrisa de satisfacción.

Mientras contemplo embobado como ambos están en esa situación tan extraña de gratitud, resuena el grito de “¡Agua, agua!” por la plazuela. Todos los manteros salen derrapando del lugar con el característico tirón de la manta a lo Santa Claus, pues los maderos han hecho acto de presencia a pie y parece que hoy tienen ganas de cazar a algun negro para meterlo en el CIE del barrio o llenar su cupo de multas mensual.

El negro honesto sale corriendo aterrado a por su inventario, pero los munipas van a trote justo hacía donde está su manta y puede que le cacen. La vieja facha no se lo piensa y en un acto irracional e impulsivo sale corriendo hacia los agentes con su bolso en plan flagelo medieval, mientras suelta a grito pelado: “¡¡DEJAD EN PAZ AL NEGROOOOO!!”.

Los agentes flipan tanto como yo parando en seco su cacería matutina, por lo que el negro honesto consigue hacer el Santa Claus para salir perdiendo el culo hacia el parque.

Me sube la risa que va sustituyendo la sorpresa ante este ataque tan berserker en plan senil. Estallo a carcajada limpia sin poder controlarlo y la vieja totalmente colorada se va con la cabeza gacha por donde había venido. Los agentes no le dicen nada, continúan con su ronda andando y la surrealista situación se disipa de golpe, dejándome a mi de pie como un idiota mirando a la nada.

Este barrio a veces tiene su magia.

Salud y por el cierre del CIE de Aluche de una maldita vez.

ningun ser humano es ilegal

3 thoughts on “El negro y la vieja facha”

  1. Tita Ramírez says:

    Buena narración, llevando de la mano al momento de la experiencia.
    Se agradece.

  2. Carlos Diaz says:

    Muy bueno, una vivenia puede parecer simple, sencilla pero une a muchas personas por con su sencivilidad

  3. Miguel G. Macho says:

    Gracias a ambos 🙂

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