Fuego, lucha, combate; todo humano.

La explosión, el fuego, la lucha, la guerra, el combate, la dialéctica; son la esencia de lo real y de lo humano.

Muchos filósofos llegaron a esta conclusión simplemente observando a los suyos y lo que les rodeaba, que la esencia de lo material y de la vida del hombre era este concepto abstracto de “lucha” permanente como superación del pasado o avance.

Heráclito habló del fuego en vez del agua de Tales u otros elementos de distintos filósofos presocráticos, afirmando que de su combustión-ceniza-regeneración provenía la esencia de lo real y de la vida humana.

Demócrito (atomista, el primer ateo y materialista conocido) defendía que la materia se componía de dos elementos: lo que es, representado por los átomos homogéneos e indivisibles; y lo que no es, el vacío. La materia no era otra cosa que un modo de unirse y separarse suficientemente fino y complejo sin necesidad de ningún espíritu infundido por los dioses, confrontándose átomos con el vacio hasta constituir así la physis.

Miyamoto Musashi, el samurai loco e imbatible idolatrado por los japoneses, ponía el combate como la base de perfección para todas las demás artes, demostrándolo en él mismo al final de su vida como ermitaño, dedicado a todo arte menos al de combatir. La lucha es la base, la disciplina en este arte te permitirá dominar todas las demás que te propongas; y así fue en su caso.

Nietzsche habla de su egoista lucha contra la moral de los de los esclavos, de la voluntad de poder y la crueldad como origen de la moral, de aquello que está mal porque un esclavo lo sufrió hasta buscar cómo negar la lucha y matar la voluntad del hombre libre. Habla del superhombre, como aquel humano que lucha contra los valores impuestos creando los propios, superando la simple voluntad de vivir de los “últimos humanos” hasta convertirse en aquel que ni es amo ni esclavo. Todo es lucha, hasta consigo mismo pero por desgracia planteado sin responsabilidad, arrebatándole al humano su ser social limitándolo todo a la crueldad sin fin, hasta caer en la falacia de negar lo moral solo por tratarse de una defensa “de esclavos”.

El Marqués de Sade, en su provocativa búsqueda de lo humano luchando contra Dios, regalando al mundo su visión del hombre más carnal y visceral. El puro hombre reclamándose a si mismo dentro de este perro mundo, buscando provocar y aleccionar moralmente a los pequeños y grandes tiranos sin dejar de buscar a la vez la misma esencia de lucha contra lo permanente, lo que “no se deja quemar, pero debe arder hasta los cimientos”.

Marx, buscando transformar la realidad en vez de simplemente interpretarla, da en el clavo con el motor de la historia, la lucha de clases y el devenir del hombre, proponiendo un sistema que anule la “fase depredatoria del ser humano” desde el pensamiento científico por excelencia, el materialismo dialéctico.

Suma y sigue. Muchos dieron con esta estaca que jamás se les salió de la cabeza, como tampoco se os saldrá a vosotros si profundizáis en ella para explicaros y transformar absolutamente todo lo que os rodea, pero también lo que sois y cómo actuáis.

Para terminar, un hecho ajeno a los humanos que alucina a muchos. Todo el oro, la plata, el plomo y el mercurio que vemos en el mundo solo pudo ser creado en una supernova. Una supernova es la explosión más grande que uno pueda imaginarse, el último suspiro de una estrella que tiene al menos cinco veces más masa que nuestro Sol y que sucede en 15 violentos segundos. Pues sin esa explosión no podrían existir estos elementos tan conocidos, sin esa confrontación dialéctica tan bestia no se habrían creado para transformarlos a golpes y fuego en nuestros circuitos, anillos, termómetros y cuberterías.

Pues eso, que salud y dialéctica.

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