La auténtica creación

Este “relato corto” es un cuento que escribí para determinado niño hace bastantes años. Siempre lo he recordado con especial cariño por ser de lo primero que escribí, así que lo comparto con todos vosotros y de paso lo archivo para la posteridad.

****************************************************************************************************************

 Érase que se era, un niño algo solitario al que le encantaba jugar con sus pinturas y el papel. Su padre le regaló las mejores pinturas que un niño que amaba dibujar podía soñar, eran unas pinturas preciosas y con un tacto realmente suave. El las quiso estrenar esa misma mañana y  le apetecía dibujar algo nuevo y precioso, algo que jamás ningún otro niño hubiera dibujado. Comenzó a plasmar garabatos en su hoja en blanco, lo que sería su mundo, el mundo que él deseaba. La creación de los colores se vio reflejada en aquél cuadernillo, y como si cobraran vida –gracias a la imaginación del niño- los colores empezaron a moverse por sí mismos, y a contar su historia… desde el principio de todo lo conocido.

El color blanco –el más sabio de todos-  brotó del papel mismo para contar la historia de la creación del mundo, la auténtica, la que nadie quería enseñar. El niño preguntó que si no era Dios quién lo creó todo, a lo cual el Blanco contestó que no, que los colores son la esencia de todo, los formadores del universo. El niño, muy impresionado le pidió por favor que le contara la historia; el señor Blanco prosiguió alzando la voz ligeramente, con una grave y sonora resonancia:

“Imagínate los albores de la creación, todo era armonioso, los diversos colores campaban a sus anchas por la totalidad del todo, coloreando su mundo y transmitiendo sentimientos de todo tipo; eran felices y nadie pensaba ni siquiera en que existiera algo denominado “mal”, hasta que éste apareció.

 El malvado color Negro empezó a secuestrar a los felices colores, haciéndose cada vez más y más oscuro, a la par que poderoso. Los colores sucumbían a sus malvadas intenciones, siendo asimilados por él, sencillamente lo estaba absorbiendo todo, esa era su simple ambición, ser dueño de todo. Los primeros en caer fueron el Rosa y el Amarillo, los más débiles… Los últimos el marrón y el gris, los más tercos y rudos;  pero todos acabaron en las manos del susodicho Señor Negro.

Todo estaba perdido, todos los colores habían sido capturados por el Negro y éste sería un mundo triste, apagado y tenebroso… pero alguien, como por arte de magia, apareció de la nada creada por el Negro, el Blanco –osease yo- el padre de los colores, de donde salen todos y parte la nada, la existencia y la inexistencia  unidos en un único lugar, un color, el Blanco. Los colores empezaron a brotar del propio Blanco, naciendo de nuevo, inmunes a la asimilación del Negro. No le atacaron, éste simplemente envejeció solo, triste y sin nadie  que le acompañara, determinando así los malos sentimientos –egoísmo, envidia, ansia, crueldad, impotencia, etc.-  con esa tonalidad, la más oscura.

Por consiguiente, decirte debo niño, que Dios no es el creador de todo, él simplemente no existe, no lo puedes ver ni tocar. Los colores en cambio, somos la esencia de todo, los auténticos creadores del universo y de todo lo que te rodea.”

Y así fue como el niño, mientras dibujaba, imaginó todas estas cosas que le sirvieron simplemente, para pasar aquella mañana feliz, en compañía de su amigo Blanco y esa bella historia conocida únicamente por él, burlándose así de la inocencia de los demás.

Ese niño creció, y un día escribió esto, harto del mundo real, deseando volver a evadirse, a crear su propio mundo capaz de hacerle feliz.

2 thoughts on “La auténtica creación”

  1. Anónimo says:

    Precioso relato. Ojalá pudiéramos vivir siempre en ese mundo irreal que creamos para huir de lo que nos hace daño.

  2. SebastiánArena says:

    Como cualquier mito, intenta discernir y establecer diferencias claras y concisas entre los personajes que en él actúan y confluyen, a la vez que, siendo un «mito cosmogónico», dé una plausible explicación «fantástica» la explicación del mundo. La analogía entre creación y destrucción y la dicotomía establecida entre el blanco y el negro, es usual, y el sustento de un sistema moral identificando todo lo «malo» en una sola «representación» (ya que aquí no podría hablarse de «personificación») a la vez que todo lo «bueno» en su «contrario» parece aspirar a un re-ordenamiento de las creencias éticas y socio-culturales del sujeto niño-adulto-escritor.

    Es decir, el fin del relato en sí mismo parece desembocar en darle un nuevo planteamiento a creencias ya de por sí lo suficiente antiguas y difundidas como para poder ser reconocidas incluso en las formas más «originales» o «innovadoras» bajo las cuales pueda representarse. La negación de una deidad se realiza a través del elogio de lo empírico, es decir, aduciendo a los colores, como elementos principales en la propia percepción, la facultad de crear y destruir, dado que, en verdad, cerrar los ojos o abrirlos ya es un acto similar (negar o afirmar algún tipo de perspectiva ante algo). En esto se sustentan muchas personas, a su vez.

    El egocentrismo del blanco es a la vez bastante nítido, particular. Y la perspectiva de que algo sólo puede significar determinada cosa, es también reduccionista, no sólo respecto al negro, sino a la particular situación de los demás colores mencionados (rosa, amarillo, marrón, gris). La historia en sí recuerda a aquél largometraje («Nocturna», 2007) que intentaba mostrar justo lo contrario que aquí, es decir, que en la oscuridad también existe un potencial creador curioso. Y si bien ambas perspectivas pueden estar «gastadas»; es mucho más relevante reconocer el «potencial de» en las cosas, si realmente se planea vislumbrar en el mundo algo distinto cada día; y no vivir de las mismas opiniones hasta la muerte.

Deja un comentario