Sobre la violencia física

La violencia física y directa en nuestras vidas, que tanto se ha ablandado en occidente aunque seamos de las sociedades más productoras de violencia del planeta.

El ser humano tiende a ser violento y no respetarse o respetar a los demás, pues la crueldad es el origen de la moral creada exclusivamente por aquel que la sufre. El que agrede es feliz con su poder, pero el agredido en su desdicha busca diferenciar el bien y el mal para superar racionalmente su situación de sumisión ante algo tan irracional como es recibir hostias. Cuando esa humillación tan intensa la siente en sus carnes cualquier individuo, ese tipo sometido a golpes cree que esa forma de actuar es negativa, pero decide tragar y sentir superioridad moral porque se acobarda “sin actuar como él”. Decide repudiar la violencia, esencia más pura del poder, y no defenderse pegando dentelladas a quién sea aunque salga apaleado mil veces y nunca consiga escapar de su sumisión. Se niega a intentar matar a golpes con una piedra si es preciso a aquel que le golpea por disfrute, aunque suene cruel y desquiciado en el contexto actual del maldito pacto social que abandonó hace mucho el estado de naturaleza.

Desde pequeño, como muchos otros, me he visto metido en peleas con otros niños; porque cuando algo no podías solucionarlo con palabras infantiles todo era tan sencillo como arreglarlo a golpes. Normalmente quedaba ahí y hasta os hacíais amigos, porque la valentía sin chulería es algo que todos valoramos hasta de pequeños. Que si este juguete es mío, has hecho trampas a las chapas, me has robado tal cromo, te vas a enterar por insultarme de ese modo tan genealógico y una infinidad de situaciones donde se recurría a las tortas entre niños de menos de diez años. También mi madre me lanzaba la zapatilla con efecto y asombrosa precisión cuando hacia gamberradas y me llevé algún bofetón de mi padre por hacer algo malo o cruel, sembrando en mi el concepto de orden que tantos quebraderos de cabeza da a mucho pedagogo.

Después crecimos y la violencia siguió ahí, pero mezclada con el ansia de hacerse adulto demasiado deprisa, las incomprensibles ganas de crecer. Que si “malotes” intimidando a débiles o empollones, como eres grande tienes que aprovecharte de los pequeños o eres tonto, el dame todo lo que tengas payo y las peleas por chulerías o estupideces, porque solían ser así. Esa crueldad intrínseca a los niños y adolescentes de una sociedad entrenada para competir, que ahora está de moda llamar bullyng porque se le pone nombre patológico a todo y a poder ser con el término “síndrome” delante. Otro hecho es que cuando crecemos un poco, uno fortalece su amistad con otra persona cuando presencia que se atreve a pegarse con cuantos sean por ayudarte a salir de un berenjenal, exponiéndose al daño físico sin miedo alguno a las consecuencias solo por ti. Hechos valientes de afecto y no simples palabras de afecto, ese rollo tan mal visto ahora entre “ciudadanos”.

Posteriormente se nos patea al mundo adulto y toda violencia es siempre negativa en teoría, aunque nos siga rodeado en lo real hasta la locura. Si te intentan robar dale lo que te pidan y sálvate pero no te defiendas que te puede pasar algo, si te humillan en el trabajo lo mejor es callarte la boca y aguantar que mira como está el asunto, toma porrazos perroflauta por venir a protestar, gracias por votarnos para matar familias en Libia con un B-52 y si te pones tonto te torturaremos y violaremos durante días en comisaría. Siempre hay violencia porque todo se mueve con ella ya que exceptuando el poder todo es ilusión; como nuestra ególatra superioridad moral de sentirnos más íntegros solo por no emplearla contra el violento poder que nos somete, ya sea a pequeña o gran escala. Esa mayoría que siempre anda huyendo de lo real y nunca plantando cara por algo que ya recibió, que es ser golpeada.

Las sociedades occidentales repudian la violencia física con valores artificiales de respeto al irrespetuoso y supuesta igualdad entre desiguales, negando a la par que forme parte inseparable de nuestras vidas; pero es innegable que vivimos en un mundo muy violento con estados que poseen el monopolio de la violencia. Todo llega a simplificarse en que no hay que utilizar la violencia por simple crueldad o disfrute, ya que solo un psicópata o el poderoso la disfruta, pero que en ocasiones si no eres violento para intentar escapar de la humillación es que directamente eres un cobarde que se autojustifica para evitar algo tan perpetuo, pero enterrable, como es la conciencia.

One thought on “Sobre la violencia física”

  1. Fritz says:

    Escrito de tono irónico que invita a la reflexión, sin bien no resuelve o concluye sobre la cuestión planteda, el valor de la violencia física o la violencia física del valor, en realidad tampoco importa. Sin duda, su lectura me recuerda a la distinción nietzscheana de la moral de señores y de la moral de esclavos, y a la proyección en el concepto de 《superhombre》 y de 《último hombre》, respectivamente. Sin duda, el estado de nuestra cultura se bate y combate entre ambas tendencias, ¿quién dirá la última palabra sobre 《la violencia》?…

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