Legitimidad VS Legalidad

Legitimidad frente a legalidad, debate en donde se van muchas fuerzas.

Si yo y mis 98 compañeros hambrientos no tenemos ni un pan que llevarnos a la boca y nos cruzamos con un tipo gordo muy elegante que lleva 100 panes, ¿es legítimo que le robemos a la fuerza 99 panes para repartírnoslos? Creo que está fuera de toda duda que si, que es legítimo con un ejemplo tan básico y calculado, pero no es legal porque robamos algo que no nos pertenece. No parece complicado, pero si el caso se complica siempre salen justificaciones para respetar una legalidad que te priva de esos 99 panes para dárselos al hombre elegante.

Una ley debe ser respetada por ser justa para mi y mi clase social, no simplemente por ser ley sin más. De aquí nace todo derecho y no en el dogma del respeto al “estado de derecho” que tanto gusta defender a los reaccionarios del estado de derechas.

La ley no es una religión, no es un dogma metafísico inmutable, sino un papel con tinta pensado para regular el funcionamiento de la sociedad. Si fracasa se cambia, se rompe o se manda a la mierda; pero no se somete uno a ella solo por haber sido aprobada por 350 hombres elegantes en una cámara de diputados a sueldo de la clase dominante. Aceptando la legalidad a toda costa se niega toda voluntad humana de progreso y muchos estamos hartos de someternos a tanta legalidad ilegítima y de criminalizar la ilegalidad legitima. La verdad y la justicia son ilegales en estos momentos, mientras que la mentira y la injusticia se aloja en todas las leyes.

¿Y quién es portador de la legitimidad? preguntaréis muchos, pues aquél formado política, económica y filosóficamente que es capaz de vislumbrar con sentido de clase y ética (algo olvidado por el mundo moderno del lucro) la realidad material que nos domina a todos. El juicio crítico de nuevo, utilizado por aquél que es capaz de no dejarse dominar por las ideas del otro. El individuo que piensa y por tanto después es pensado por el colectivo.

Actualmente lo legal es ilegítimo y lo legítimo ilegal, más aún en paripé reaccionario surgido del corazón mismo del fascismo. El poder utiliza toda la violencia legal necesaria para perpetuarse, pues toda legalidad se fundamenta en la coacción para que se cumpla, pero aquellos a los que empobrece y mata de hambre tienen prohibido su uso por ser violencia ilegal.

Para el cambio político en situaciones de crisis, hay que saltarse la ley y convertirse en un “delincuente”. Esta peligrosa idea es la que más evitan que cale entre la maltratada población ansiosa de alternativas, porque es lo único que concede poder de coacción y por tanto poder político. El que nos teman como clase social, no como simples consumidores que se dedican a modificar sus hábitos de consumo como protesta, a llenar las manifestaciones con batukadas o incluso con revueltas sin organización que de poco sirven. El protestar, pero no resistir que tanto abunda en nuestras sociedades occidentales.

No usar la violencia porque es ilegal y te ilegitima, es pensar que por llevar razón ya vencerás. No, se gana por tener más fuerza, ya sea en votos conseguidos con engaño o fusiles de contrabando. Tener razón importa poco a la hora de intentar vencer, lo que importa es la coacción de la que se disponga. Coacción conseguida por la unión en tener esa razón tan abstracta, que poco a poco se convierte incluso en ideología de alternativa. Unirse, debatir problemas, razonarlos para plantear alternativa y después no quedarse simplemente ahí para ponerlos en práctica. Actuar, que es para lo que se debate, de la única manera que se puede contra aquel que te golpea cuando le hablas, por la fuerza. Actuar como poder para cambiar el poder, convertirse en la alternativa y no tratar de lavarle la cara reformando lo que se combate.

Actuar requiere mancharse las botas de barro en el lodazal que es la realidad, por lo que si uno quiere pasar limpio por esta vida lo único que tiene que hacer es no hacer nada. Ningún proceso de cambio político, o revolución, se hizo con guantes de seda, negarlo sería absurdo porque ahí está la historia para demostrarlo. Y si, yo no es que crea en “la revolución” abstractamente, es que sé que tiene que llegar por pura necesidad de supervivencia.

El conocimiento y la ética te dan tu propia legitimidad, el desconocimiento y la ignorancia te llena de la legalidad de otros.

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