Menos amor negro y más humor odioso

mascara bufonAl mundo le sobra dinero y amor negro, faltándole dignidad y humor de toda clase.

Humor negro, políticamente incorrecto, sexista, racista, antisemita, ateo, religioso y de cualquier otra índole. Ninguno me ha parecido mal nunca, de hecho me demuestra inteligencia el que se rie con todo ello. El caso es que hay algo que le cuesta a demasiada gente entender y es que de absolutamente todo te puedes reir. No hay límites en lo que a uno le haga gracia porque es algo sentimental y descontrolado, por lo que el humor no puede ir asociado a ofenderse por él, a enfadarse solo porque algo provoque risa. Sería incoherente hacerlo y una contradicción de órdago a grande con pitos, pero abunda mucho esta incoherencia por esos tipos que confunden el humor hiriente con hacer daño sin gracia.

En cuanto a estereotipos y generalizando, los que más abundan son los caballerosos y “políticamente correctos” de moral kantiana. Individuos con un palo en el culo que jamás se rien de nada que pueda ofender a alguién, no vaya a suponer salirse del humor fácil que desmonte su fachada de vacia superficialidad. Desconocen el “si no ofendes a alguien, es que no estás diciendo absolutamente nada”, que con innumerables matices comparto.

Después simplemente están los hipócritas sin autohumor, que se rien de cualquier cosa salvo de lo que les afecta. “Todo el humor es divertido salvo cuando me toca a mi”, y por desgracia también abundan demasiado.

Por otro lado muy oscuro están los subnormales, que nada saben, nada entienden, pero en todo joden. Confundiendo el humor con la maldad, ante su incapacidad de ver más allá de si mismos en la coña y respondiendo a la broma con sus propios complejos. Muchos se autodenominan trolls por moda, pero lo que son es gilipollas tan acomplejados y limitados que como no saben hacer reir a los demás con “trolleos” divertidos pues se dedican a hacer daño sin más y de manera simplona. Eso no hace gracia, no es ni humor, por lo que solo demuestran que son gilipollas.

También están los inocentes, personas extrañas y muy escasas que desprenden tal halo de bondad que te imposibilita a reirte de ellos en cualquier asunto. Sufres haciéndolo y deja de ser humor para mutar en maldad, por lo que terminas hasta ayudándoles en lo que puedas sin pedir nada a cambio, aunque les conozcas de unas horas. Ojalá hubiera más como ellos.

Y por último estamos los tocacojones, idiotas de mal gusto que llevamos tanto viendo la vida como una broma macabra que a veces se nos olvida que la mayoría se la toma seriamente, ganándose problemas con personas que de verdad queremos por actuar sin descanso como un cínico y sarcástico en vez de demostrar aprecio de la manera convencional. Nos descojonamos de nuestra tristeza, nos reimos de lo que odiamos de nosotros mismos y por jodernos un rato nos alejamos de lo que nos vuelve dichosos. Seres en contradicción, una y otra vez, pero siempre disfrutando de la risa ajena como el mejor orgasmo colectivo.

Lo siento de broma por ser un tocacojones, yo no pedí serlo y dudo que pueda algún día cambiarme.

Salud y muchas risas de funeral.

One thought on “Menos amor negro y más humor odioso”

  1. doctorsimio says:

    Muy bueno viejo! Ahí lo compartí con un par de amigos con quienes siempre tematizamos los límites de nuestro humor negro. Aún cuando nos incomoda a nosotros mismos. ¡Ni un paso atrás! Saludos!

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