ZZZ (Zombies Zedientos de Zangre) I

Voy a colgar por partes una novela muy freak que escribí hace un par de años. Está basada en sueños enfermizos que tuve, como si de una peli de zombies tipo serie B se tratase, y que tuvieron una duración completa de una semana. Cada día el sueño volvía al punto en el que lo dejé y siempre terminaban del mismo modo (ya lo veréis). El protagonista supuestamente soy yo, pero muchísimo más oscuro, drogadicto, psicópata, hijo de fruta y cabrón. No me reconozco en absoluto vamos, pero es que hasta que no lo escribí todo no pararon los putos sueños; así de crudo.

Aviso que es bastante personal y aparecen amigos de mi entorno directo como personajes, que son los que más entenderán el texto. También contiene bastante violencia, inmoralidad a tope y sexo muy explícito en algún que otro capítulo. Avisados quedáis.

Licencia Creative Commons
ZZZ (Zombies Zedientos de Zangre) por Miguel G. Macho se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

******************************************************************************************************************************

ZZZ

(Zombies Zedientos de Zangre)

zombies

SUEÑO  I

Todo comenzó de noche, sobre las 6 de la mañana del 26 de Julio de 2009. Vamos, que un día de mierda en un verano cualquiera sin importancia aparente.

Estaba soñando apaciblemente, en mi cuarto tras un día de pedo brutal, cuando una serie de explosiones, golpes y ruidos me despertaron de la forma más violenta posible. Me levanto de la cama con la cabeza a punto de explotar y miro cabreado por la ventana esperando ver gentuza liándola a la que poder apedrear, pero no resultó ser precisamente así. Desconcertado totalmente, solo veo a decenas de personas andando por medio de la calle lentamente, coches pasando sin control arrollando gente, furgones de policía con las sirenas a todo trapo, incluso algunos de ellos estampados contra los muros de enfrente de mi casa. Un puto caos de la hostia enfrente de mis resacosos ojos.

<¿Qué cojones está pasando? ¿Seguiré de tripi? Si es así, si que eran buenos joder> me digo en voz alta sorprendido, pero superado por la incredulidad ante lo que acababa de ver.

Decido dirigirme hacia la cocina en busca de un zumo de naranja y un buen ibuprofeno, cuando me encuentro a mi hermana tirada en el suelo de dicha sala.

<¡Joder!, ¿qué coño haces ahí Cristina? ¡Levanta anda! deja de asustarme> digo bastante impresionado.

Al instante, se empieza a levantar a duras penas y veo que su cara está como putrefacta y sus ojos inyectados literalmente en sangre.

<¡¡Vamos no me jodas!! ¡¡Qué no es Halloween!! Si te acercas así disfrazada te meto un puñetazo, y ya sabes lo que duelen> digo mientras se acerca directa hacia mi, en silencio.

<Mira que te ahostio, ¡¡qué pares coño!!> reafirmo como ultimátum.

<¡A tomar por culo, te la has ganado, por gilipollas!> y acto seguido le meto en toda la cara un hostión épico.

Tras impactarle el buco en la frente, su cabeza rueda hacia atrás y su cuerpo cae desplomado al suelo.

<¡¡ME CAGO EN LA PUTA!! ¡¡¿¿QUÉ COJONES ESTA PASANDO AQUÍ??!!> digo mientras me acerco al cadáver de mi hermana, que ahora apesta como el culo de una ballena.

Examino el cadáver y es cierto, no tiene cabeza y no se trata de un truco, mi hermana esta muerta.

<¿Zombies? ¡Vamos no jodáis! ¿Dónde está la cámara oculta?> grito mientras miro para todos lados dando círculos sobre mi mismo como una peonza.

Al no recibir respuesta, me dirijo al cuarto de mis padres para ver si están bien. Al abrir la puerta les veo tumbados en la cama, con el mismo rostro putrefacto que tenía mi hermana. Cierro enseguida y con una toalla encasquillo el manillar para que no puedan salir por ahora.

<Joder, joder, joder, porque pollas me tiene que pasar esto a mi… qué cojones es todo estooooo, me cago en todo, joder, joder, joder>  repito cual cacatúa desconcertada.

<Me acabo de cargar a mi hermana de un trallazo, mis viejos son dos putos zombies, la calle es un caos inexplicable, estoy de resaca y he dormido una mierda.> pienso a duras penas.

<Ya está, al carajo con todo, voy a pillar la escopeta y me los voy a cepillar. Perdonadme viejos, pero sois simples zombies de mierda y no puedo salvaros. Antes muertos que devorándome>

Me dirijo al estudio del viejo, cojo la caja donde está la recortada, la monto y abro también la caja fuerte donde está el revólver para guardármelo, junto con toda la munición que hay dentro. Lo meto todo en mi mochila, cargo la escopeta y voy directamente a rematar a mis viejos mientras aún están tumbados, sin contemplaciones.

Arrojo los cadáveres por la ventana envueltos con las sábanas y cierro la puerta a cal y canto. Al menos descansarán en paz.

Cojo del botiquín todo lo que pueda serme útil, de la despensa unas latas de fabada y callos, un par de botellas de agua mineral y el machete cubano de exposición que hay en el salón. Tras recoger el machete, veo a mis dos perros escondidos debajo de la mesa del fondo, acurrucados y temblando en la oscuridad.

<Vamos, ¿los perros también o qué?> pienso mientras me acerco con la escopeta en la mano dispuesto a desintegrarlos de un disparo.

Al verme actuar “normal”, los dos salen lentamente hacia mí y no veo en ellos signos de que puedan ser zombis. Se confirma cuando se me acurrucan rápidamente entre mis piernas y me lamen asustados.

<Menos mal, vosotros al menos no. Aunque la verdad es que no puedo llevaros, lo más probable es que os convirtáis en un tentempié de zombi si os saco a pasear ahora mismo por ahí.>

Así que decido dejarlos en casa por ahora, pudiendo volver a por ellos si termina esta puta locura. Entro de nuevo en la cocina, arrastro el cadáver de mi hermana y lo tiro por la ventana, junto con su cabeza. No quiero que los perros se vean en la necesidad de comer esta carne. Antes de nada friego el suelo de todas las zonas con sangre, abro el saco de 40kg de pienso, unas cajas de cereales y lo que pillo para esparcirlo por una esquina de la cocina. Después lleno muchos recipientes de agua, la bañera entera y dejo el grifo de la ducha del otro baño goteando, que por lo visto aún funciona. Lo último es cerrar todas las ventanas excepto una en la que dejo un resquicio abierto para que pueda airearse la casa.

<Tendréis que quedaros aquí un tiempo pequeños, espero que aguantéis bien solos> les digo a mis dos perros con algo de tristeza.

Una vez terminados los preparativos, recuerdo espontáneamente que tengo un par de cartones, con 9 tripis de LSD cada uno, en mi mesilla de noche.

<Que coño> me digo <Lo más probable es que lo mejor que pueda hacer para escapar de esta mierda sea drogarme y pasar de todo hasta que me devoren, así que por si acaso me los llevo>

Voy a mi habitación, recojo los tripis, el tabaco y un mechero; que con las prisas se me olvidaban. Después recojo mi mochila cargada con el equipaje, la escopeta en mano y salgo al rellano tras cerrar la puerta con llave. Acojonado perdido, pero con decisión.

El ascensor puede que funcione pero paso de probarlo, así que bajo por las escaleras. Me detengo en el sexto piso para hacerle una visita a un vecino muy amigo mío con el que tengo una estupenda relación. Tras llamar al timbre me abre su mujer, que por suerte para mi goce no es una zombi. Me mira incrédula, me río, le apunto con la escopeta en la cabeza lentamente mientras bizquea mirando el cañón y tras un par de segundos en una situación descojonante aprieto el gatillo. El resultado es un zumo de sesos muy espesito por todos lados, que conjunta de puta madre con la moqueta.

Empujo la puerta de una patada, buscando a mi simpático compañero, con cara de loco y encorvado cual salvaje en busca de mi presa. Le encuentro en el pasillo, alertado ante el disparo que acababa de oír. Su mirada es de pánico, debido principalmente a mi maléfica sonrisa y a que empuño una inocente recortada contra su persona.

Sin dudar, le meto un tiro en los cojones. Cae al suelo chillando como la maricona que es, sobretodo ahora que está desgüevado.

<Ahora que, ¿a qué te arrepientes de joderme eh? pues esto no es nada cabrón, aun te queda un rato largo sufriendo, facha hijo de perra. Morirás lentamente porque a mi me apetece y me sale de los santos cojones, órgano que ahora casualmente, tú ya no tienes> digo con regocijo mientras le escupo y le pego un segundo disparo en el estómago, todo esto entre risas muy amistosas.

<Ahí te quedas cabronazo, desangrándote. Hasta nunca> digo mientras me marcho y cierro la puerta de su casa tras de mi.

Aliviado, riéndome vilmente y ya mucho más relajado; desciendo las escaleras hasta llegar al portal. Lugar donde me paro a pensar unos segundos tras encenderme un cigarro.

Recargo la escopeta tras la refriega con mi vecino. Después, miro mi reloj de pulsera y ya son las 7:32 de la mañana.

<Debo salir del tirón, sin pensármelo dos veces, porque fijo que hay zombies por aquí cerca pululando. Desde mi ventana pude ver un par de coches abandonados con la puerta abierta y sin daños aparentes. A lo mejor alguno fue abandonado precipitadamente y encuentro, con mucha potra, las llaves puestas. Debería ir a buscar a mi novia, si es que sigue viva. Si, ese será mi primer destino.> chapurreo en voz alta.

Me asomo disimuladamente por la esquina mirando al exterior, veo cuatro coches en la zona y dos de ellos abiertos. También a varios zombies caminando por la zona lentamente, todos yendo hacía la izquierda.

<Bien, como recordaba, esos dos coches están abiertos. A saco entonces>

Tiro la colilla al suelo, la piso, abro las dos puertas de mi portal y salgo corriendo hacia el primer coche. Varios zombies se percatan de mi carrerita y se emocionan andando mucho más deprisa hacia donde estoy. Parece que son incapaces de correr y esa es su velocidad máxima.

<Menos mal que son zombies y no infectados, porque sino estás tú que salgo de mi casa> me digo mientras corro a toda leche hacia el coche más cercano.

<¡Me cago en la puta! ¡Sin llaves!> gruño mientras me giro y corro hacia el siguiente sin demora, que por desgracia custodian 2 zombies que se dirigen hacia mi.

<Mira que soy subnormal, no sé para que salgo de casa. ¡Bah! ¡A la mierda con todo! ¡Comed plomo hijos de puta!> grito todo flipado mientras reviento un par de sesos zombies en dirección hasta el segundo coche.

<¡De lujo! ¡Este si que tiene las llaves puestas!> emocionado mientras me meto de golpe y chapo la puerta del tirón.

Segundos después, dos zombies se pegan a los cristales traseros del coche y empiezan a babosearlo asquerosamente. Arranco el coche y les dejo atrás, arrollando a un par más mientras giro por Tembleque hacia el parque.

Mientras doy el volantazo, en la acera izquierda veo a Ricardo corriendo mientras menea cómicamente los brazos y a Montes detrás suya, persiguiéndole con cara de senegalés hambriento. Me sorprende tanto ver aún a Ricardo vivo, que decido frenar y bajarme rápidamente para reventarle la cabeza al catalán y salvar a mi voluminoso colega.

Según salgo empuñando la escopeta, Montes alcanza a Ricardo y lo devora salvajemente. Observo atónito a pocos metros como Ricardo muere escupiendo gritos de dolor bastante femeninos, sin que pueda salvarle de tan fatídico fin.

<¡Joder! ¡Qué os den a todos coño, yo me largo de aquí!> digo mientras subo de nuevo al coche y acelero sin mirar atrás.

<Esto es una locura… mi única prioridad tiene que ser sobrevivir. Qué le den a to`dios. Mi pellejo es el único que importa a partir de ahora…>

*********************************************************************************************************************************

SUEÑO II

Continúo conduciendo por tembleque, girando por Illescas hasta el parque y metiéndome por todo el medio, atajando en dirección a casa de mi novia. Hay algunos zombies dispersados por la zona, pero son lentos de pelotas así que lo tienen jodido para cazarme por ahora.

Justo cuando me encuentro dentro de un campo de fútbol, escucho un sonido semejante a un helicóptero pero bastante más suave. Paro el coche pensando que se puede tratar del ejército rescatando supervivientes o algo así. En cambio me llevo una tremenda sorpresa al mirar hacia arriba y encontrarme a Rubén, colega inconfundible del instituto, pilotando un girocóptero oxidado con una extraña gran habilidad, luciendo unas gafas de piloto de la primera guerra mundial y lanzando cócteles molotov a cascoporro a los zombies que hay entre varios edificios. Todo mientras escupe improperios al aire que no consigo comprender.

<¡Enano! ¡Chillón! ¡¿Me oyes?!> grito con algo de nostalgia al recordar viejos tiempos, pero sin recibir respuesta alguna <¡Rubén coño, que estoy aquí!> repito sin resultado mientras agito los brazos y el girocóptero en respuesta se pierde por encima de los edificios, dejando una tropa de zombies que se acercan a lo gonzo justo hacia donde estoy.

<Maldito sordo hijo de puta, al menos podrías habértelos cargado a todos> digo en voz alta mientras me meto de nuevo en el coche para seguir mi camino sin más demora.

Paso el campo de fútbol atropellando a unos cuantos agilipollados sin cerebro, mientras me incorporo con un derrape a la calle Sepúlveda. No tengo carné ni leches, pero horas de vicio con la xbox360 me han dado una formación privilegiada en lo que ha conducción se refiere.

Dejo atrás la pirámide y llego a casa de mi novia. Por desgracia cuando llego eso parece una jodida convención zombi, ya que hay por lo menos 900 ó 1000 de esos cabrones rondando la zona en plan día de rebajas, supongo que en la sección de charcutería.

<Amor… creo que acabamos de cortar, porque yo ahí no entro> me digo con algo de resignación y decido pasar olímpicamente de ella para escapar solo de esta maldita ciudad. Doy marcha atrás y vuelvo por donde he venido, sin más.

<Ahora tendré que buscarme una nueva novia en este Apocalipsis de los cojones. Espero que al menos no tenga que violar a una zombi o algo por el estilo, sobre todo con el calentón que llevo encima tras varios días sin follar y sumándole este estrés postraumático de mierda. Además, toda esta locura da unas ganas de fornicar que flipas, todo tétrico, lleno de pirados, sin ley alguna siendo todo un caos anárquico o… yo que sé, al menos da ganas de que alguna fémina te haga una buena mamada. ¡Joder si, una buena mamada! ¡Me muero por una! ¡Todo hombre merece una limpieza de sable de vez en cuando, aunque sea por pura (que no puta) caridad cristiana! Si, sin duda alguna he de conseguir que me la coman cuanto antes, en el buen sentido, o moriré sobrecargado de amor> pienso medio zumbado mientras conduzco a lo GTA atropellando zombies simplemente por diversión, desviándome incluso de mi camino si veo alguno fuera de trayectoria. Todo por el rollo de la puntuación y entrar en el hall of fame del Zombieggedon, como acababa de bautizar a mi locura.

<Ya que todo está hecho una puta mierda y he perdido a mi novia, al menos hay que divertirse un rato> digo autocomplaciéndome.

NOTA EDUCATIVA: Los niños zombies valen doble y las abuelas infectas cuádruple. Cada zombie arrollado son 10 puntos y si matas a 25 en menos de 2 segundos tienes un x10 durante un minuto. También he de mencionar que cuando pasas por una residencia o cerca de un colegio, se trata de una misión bonus y los multiplicadores tienden al infinito, por ser acumulables.

Mientras aplasto zombies, recorro un trecho de la calle Sepúlveda y luego Valmojado casi por completo, hasta llegar prácticamente al metro de Aluche, cerca de mi nuevo destino: la armería del Centro comercial.

<¡Necesito aaaaaarmas, montones de aaaaaarmas, muchas y variaaaaadas, con munición suficiente para liquidar la ciudad entera si me sale de los hueeeeeeevos!.> canturreo sin ritmo en el coche, mientras doy repetidas veces a la palanca del limpiaparabrisas sin resultado alguno, ya que se ha atascado con unos cachos de cerebro color morado que decoran a lo dadaísta la luna del coche.

<No veo una mierda, no debería haber hecho tanto el mongol con esos…> ¡PLASH! Una bala entra por mi ventanilla rozándome la nuca y revienta el retrovisor en mil pedazos.

<¡La hostia puta! ¡Que coño ha sido eso!> grito dando un volantazo y empotrándome de lleno contra un árbol del parque, no sin antes subir 10 metros a 90km/h por la pendiente que separa el parque de la carretera. Una buena hostia vamos.

Tras el golpe, un poco conmocionado, aparto los airbags color turquesa (no me preguntéis porqué, pero eran turquesas), recojo mi mochila con dificultad y salgo del coche torpemente.

<¡Eh tú! ¡La mochila o la vida!> grita un gilipollas en la lejanía, de raza negra, con ropas y gorro de pescador, empuñando un rifle de caza con mira telescópica.

Le miro atónito, después observo por todos lados a ver si está acompañado y no veo a nadie, analizo los edificios de enfrente por si alguien me apunta desde las ventanas y en general valoro la situación. No me entero una mierda debido al golpe pero me hago el interesante, como en las pelis. Además ese hijo de perra me ha querido matar sin más y encima va solo, me las tiene que pagar.

<Pero, pero… ¿¡Tu quien COÑO ERES!? ¡¿EH?! ¡TE VOY A ARRANCAR LAS PUTAS ENTRAÑAS Y ME LAS VOY A COMER CON MAHONESA, CALVO TOSTAO DE LOS COJONES!> grito dirigiéndome hacia él sin dudar, machete en mano, escopeta en ristre y con la mochila a la espalda.

El tiparraco me apunta con el rifle lentamente y dispara, el resultado resalta su cara de pánico. La bala iba directa a mi cabeza pero se desvía y pasa por mi oido casi tarareando, mi aura a lo supersaiyan la ha debido repeler sin duda alguna. Mis ojos están bordados de sangre y comienzo a levitar arrancando trozos de asfalto y tierra bajo mis pies. El pelo me crece de golpe y se torna color ocre como si lo mojara de golpe en tinte. La furia invade mi ser y vuelo hasta él rompiendo la barrera del sonido, sesgándole los brazos rápidamente con el machete en dos pasadas, enganchando el resto por la cabeza con una sola mano y lanzándolo dando un mortal en el aire contra el edificio más cercano.

Aquello era como las torres gemelas pero a la española, con menos efectos especiales y más pequeñito. El edificio cayó a plomo y el negro hijo de puta se convirtió en Chocapic.

NOTA PARA LOS ESNIFACOJONES: Vaaaale, no fue exactamente así, era coña. Simplemente cogí la puta escopeta y cubriéndome desde detrás del coche le metí cuatro tiros, fallando todos por el mareo y huyendo a toda leche entre los matorrales del parque. Pero queda más chulo así, ¿no? Es mi historia y la cuento como me sale de los cojones, ¿vale? si quiero que sea épico pues es épico y punto. Bueno, continuemos.

Tras perder de vista al negro cabrón, me paro un minuto para respirar.

<¡Uf, le perdí! Aunque mi jodido coche está demasiado lejos e inaccesible por ahora, así que tendré que ir a pie el resto del camino.> balbuceo asfixiado.

<Lo más probable es que el ruido que he provocado, gracias a este extraño incidente, debe estar atrayendo una horda de zombies hacia aquí> medito en voz alta mientras camino, como es costumbre en mí desde esta mañana.

<¡Echando leches hasta el Carrefour sin detenerme siquiera para respirar!> digo motivado y todo.

Avanzo 50 metros y llego a la subcentral eléctrica escupiendo la pleura, sin oxígeno alguno y con varios calambres en músculos de las piernas que ni conocía. Paro a respirar.

<Putas drogas, estoy carcomido por dentro> digo resoplando mientras saco un cigarro y me lo enciendo, apoyándome en un coche abandonado en mitad del cruce múltiple.

Mientras me recupero observo a mi alrededor tranquilamente, olvidándome por un segundo de mi tétrica situación. Todo está demasiado tranquilo y eso me inquieta, por el rollo ese de la calma que precede a la tormenta ¿o era al revés? Bueno me la suda, aquello acojonaba.

<Es extraño pero llevo un rato sin ver ningún zombie. Aquí pasa algo fijo.>

En cuanto termino de pronunciar la frase, una explosión invade el aire desde la estación de metro. En acto reflejo me agacho. Cascotes diversos caen por todas partes y aquello de repente parece Sarajevo en los noventa.

Disparos y más disparos, gritos de terror, chillidos de zombie y bufidos como de un toro pero multiplicados en intensidad por mil. No me enteraba de una mierda, pero eso tenía que ser muy chungo, similar a una batalla o al menos a una importante escaramuza.

Únicamente veo flashes, movidas volar, chorros de sangre de colores variopintos y golpes de diversa índole; hasta que un bicho de al menos 2 metros de alto y tope de musculoso salta desde las vías hasta la carretera, sin pensárselo, creando un cráter de al menos 5 metros de diámetro. El puto engendro ese no me ve y sale corriendo a toda hostia hacia la avenida de Los Poblados, escoltado por balas que proceden de las mismas vías desde donde saltó. De repente todo queda en silencio de nuevo.

<Sigo de tripi, está claro.> digo sin más con los ojos como platos.

<¿Qué cojones ha pasado ahí y que pollas era eso? Este barrio está enloquecido, Aluche nunca había sido tan emocionante, joder. Si salgo de aquí con vida haré una novela contando mi historia, fijo que acaba siendo un Best Seller a lo Código Da Vinci y me podré dedicar toda la vida a follar, drogarme, tocarme los huevos y jugar a la consola. Como hacen los escritores, o hacían.> divago en voz baja.

Me siento gilipollas quedándome ahí quieto pensando chorradas y decido acercarme sigilosamente un poco hacía las vías, para ver quienes eran los que disparaban. A lo mejor son soldados, UIP, GEOS o que sé yo; y me sacan de aquí.

En cuanto avanzo unos metros, un sonido de helicóptero bastante familiar se acerca por el Este, supongo que atraído por las explosiones. Es Rubén de nuevo con su cacharro volador tuneado a lo Mad Max, que comienza a lanzar granadas y cócteles contra las vías, así por la cara, cagándose en todos los muertos de sus objetivos.

<¡Mucha policía, poca diversión!> grita con todas sus ganas el quedao.

<¡Iros a tomar por el ojete! ¡Por vuestra culpa la ciudad está hecha una ruina!> continua voceando el jodido loco.

Mientras tanto los policías (lo supuse por los gritos de Rubén) no se quedan mirando y cosen a balazos el trasto de mi colega, agujerándolo como una maldita raqueta de tenis. Las chispas, el humo y las llamas afloran por todos lados, haciendo que el girocóptero entre en barrena y se estrelle contra la cúpula del centro comercial, casualmente mi objetivo a corto plazo.

<A toda leche, a ver si sigue vivo. Esos cabrones de las vías parecen hostiles, será mejor evitarlos> digo esta vez con algo de duda, debido sobre todo a mis pulmones de adamántium.

Corro tanto que incluso me mareo, empiezo a ver blanco y llego a escuchar pitidos en los oídos; pero llego sin recibir ningún disparo ni encontrarme con ningún zombie. Todo es bastante raro en esta zona, la verdad.

Encuentro al cabrón de mi amigo tirado en el suelo bocabajo, tras haberse arrastrado varios metros del aparato en llamas.

<¡Rubén tio, soy yo, Miguelo! ¿Estás bien?> pronuncio con dificultad gastando las últimas fuerzas que me quedan tras la puta carrerita. No recibo respuesta.

<¡Despierta coño!> le digo a unos centímetros de la cara, tras darle la vuelta y abofetearle varias veces la cara. El mamón entonces reacciona.

<Cooooooñooooo, Miguelooooooo, ¿Estamos muertos, tíooooo?> dice como si estuviera completamente fumado.

<No cojones, te acabas de dar una hostia inmensa con el cacharro ese que pilotabas. ¿Por que coño la has liado tan parda con la madera? ¿Que pasa aquí?> digo ansioso por recibir respuestas.

<Tíoooooo, mira, mira, cuando puedas métete en Yutú y pon en busquedaaaaa…. pon en busquedaaaaaa…. estoooo….¡Ah si! El niño loco del WOW, verás que risas….> dice completamente ido, riéndose débilmente.

<¡Pero que coño dices tío!> digo partiéndome la polla por el ilógico comentario.

<Estás como una puta cabra macho, anda vamos a salir de aquí y ahora me cuentas> digo mientras le agarro por los brazos para levantarle.

<¡Que haces! déjame en la pisciiiiina, que se está que te cagaaaaas.> volviendo a delirar mientras menea brazos y piernas cual buzo.

No puedo evitar reírme de nuevo con el comentario y tengo que soltarle porque se resiste a ser levantado. Al momento me hace un gesto con la mano como para que me acerque. La verdad es que está bastante débil, lleno de heridas profundas y no creo que salga de esta; pero parece que va decirme algo importante y que los delirios del golpe se le han pasado.

Al acercar el oído me dice:

<Tío, siempre me quise follar a tu… madre, está buena que te cag…> susurrándome lentamente con su último aliento.

<Será hijo de perra, mi madre dice. Fijo que como está ahora, no te pondría tanto. Además encima que la diñas, lo haces sin contarme nada de esos maderos. Te odio tío> pronuncio solemnemente mientras le cierro los ojos.

<Pues nada, esta es tu tumba.> digo sin miramientos mientras le registro por si lleva algo interesante.

Encuentro dos granadas, un bolígrafo con su respectivo cuaderno plagado de anotaciones incomprensibles y un mapa de Madrid con varias marcas hechas con bolígrafo rojo.

<Ni puta idea de que son estas marcas, aunque una de ellas parece su casa y esta otra, por las anotaciones, creo que es una clínica médica. Que letra de maricona que tenías por cierto.> medito un instante.

Lo guardo todo por si acaso me es de utilidad y decido entrar de una vez por todas en el Carrefour. No sin antes echar un último vistazo al cadáver de mi colega, a modo de homenaje.

Al entrar, todo está completamente saqueado, exceptuando algunas tiendas cerradas a cal y canto. Ni un zombie, ni un ser humano, ni un jodido alma.

De repente, un destello, todo a mi alrededor se torna azulado fantasmal y estoy completamente rodeado de zombies. Casi me meo en los pantalones, pero al caerme hacia atrás del susto atravieso uno de ellos rodando y resulta que son etéreos, como hologramas. Flipo en colores y miro hacia todos lados, como si estuviera en el Imax pero de gratis.

Por las escaleras mecánicas aparece Ricardo corriendo de nuevo, meneando sus rechonchos bracitos mientras Montés corre detrás suya con la boca hecha océanos, no agua. El primero tropieza con un escalón, cae rodando por las escaleras y arrolla a Montés, que le acompaña rodando hasta abajo, casi como bailando.

El muy cabrón aprovecha el impacto de Ricardo contra él para enganchársele del culo con un mordisco, lo que crea una escena bastante graciosa, todo hay que decirlo. Tras un pequeño forcejeo al terminar de rodar, el zombie devora al humano como si fuese una alegoría de la nueva cadena alimenticia que aparentemente a despertado en mi barrio.

Otro flash. Todo desaparece. Vuelvo a estar solo en la entrada del centro comercial.

<Que cojoooones ha sido eso> digo asustado y con los bajos un poco más calentitos.

5 thoughts on “ZZZ (Zombies Zedientos de Zangre) I”

  1. Jaione says:

    con lo que me gustan los zombis he disfrutado cosa barbara con este relato! aunque me supongo que en tu caso no sería tan agradable de soñar! jaja

  2. Miguel G. Macho says:

    Pues tengo que terminar de revisarlo, es uno de “mis libros” a medias por perezoso xd.

    En los siguientes sueños hay más sangre, violencia, sexo, violaciones y movidas asi; es bastante gore la historieta la verdad., ¡pero quizás te guste oye!

  3. SebastiánArena says:

    Sería probable que George Romero dirigiera esta historia si la leyera. A mí nunca me ha convencido este género de historias. Con ver tres películas de «Resident Evil» fue suficiente, y más aún sólo para ver a Jovovich. Aparte de reflejar el carácter psicodélico de algunas drogas, no me sirvió de nada más que para reafirmar mi concepción de que muchos sino todos los actos de la mayoría de los hombres, se dan porque así le sale de los cojones. Sin embargo, la escritura fue lo suficientemente natural y egocentrista como para mantenerme leyendo hasta el final; así que eso, sí se le puede reconocer.

  4. ahora says:

    Queremos mas cabron!!

Deja un comentario