Zoe y sus sindipentes

Se acerca navidad y la Gran Vía de Madrid es un hervidero de gente sonriente que carga bolsas hasta arriba de compras. Las luces bañan la avenida, otorgándole un característico ambiente festivo de derroche navideño, y los villancicos americanos suenan en cada tienda.

Una madre y su hija caminan entre el tumulto cogidas de la mano, buscando terminar sus compras antes de que se haga muy tarde, por lo que saltan de tienda en tienda sin demorarse demasiado en cada una.

-¡Mira mamá, pobres como en la tele!- grita entusiasmada la pequeña Zoe mientras señala descaradamente a un grupo de indigentes.
-Ay por dios, cállate cariño que te han escuchado- le recimina la madre avergonzada mientras tapa la boca de la pequeña y acelera el paso.
-¿Grf apro raf urgh?- continúa balbuceando como si no hubiera mordaza materna.

Los mendigos quedan atrás y la madre libera la boca de Zoe con algo de miedo. Se agacha para colocar su rostro frente al de su pequeña que sigue sin entender nada. Tras un par de segundos la madre suspira antes de hablar.

-No puedes decir esas cosas a la gente Zoe, les enfadarás.
-¿Son malos los pobres?- pregunta con inocentes ojos de culpabilidad.
-¿Qué? Ehm no, no son malos, solo son pobres. Y deja de llamarles así, son indigentes.
-¿Pero los sindipentes son pobres, no?
-Bueno… si, lo son, claro, pero no puedes decírselo como has hecho ahora porque pensarán que te estás riendo de ellos.
-Ahmmm, ¿tan malo es ser pobre? ¡Yo creía que les gustaba!
-Esto… bueno, si, claro que es malo y no les gusta, porque no tienen casa, comen poco y en invierno pasan frío.
-¡Pero llevan abrigo y la gente les da mucho dinero, mira!- volviendo a señalar cantosamente hacia al grupo de mendigos.
-Me cag… baja la mano- recrimina a la chiquilla pero susurrando para si misma.

La madre se incorpora y opta por obviar el tema arrastrando a la niña con el fin de terminar de una vez por todas las compras, pero Zoe insiste en el tema.

-Mamá, si tan malo es ser pobre, ¿por qué hay?
-Yo que sé hija, siempre ha habido gente rica y gente pobre.
-Pues cuando sea mayor seré sindipente.
-¿Pero qué dices cariño?- pregunta parando en seco con una carcajada.
-No me gusta que ser pobre sea algo malo, así que seré un sindipente feliz y ya será bueno.- contesta la pequeña frunciendo un poco el ceño ante la burla de su madre.
-Ay cariño, si nosotros ya tenemos casa, dinero y una familia que te quiere mucho. No puedes ser un in-di-gen-te y ser feliz, porque lo perdieron todo, no tienen casa ni familia y por eso no pueden ser felices, ¿entiendes mi vida?
-Pero mamá, ¿por qué no pueden todos ser felices si yo lo soy? ¿no quieren?
-Pues no lo sé hija, todo el mundo quiere ser feliz pero no siempre es así. Pero tú no te preocupes que serás siempre muy feliz y no te faltará de nada.
-Pues yo quiero que todos sean felices. No me gusta serlo yo sola.
-Ains, no te preocupes mi amor, si la mayoría de la gente es feliz y hay pocos indigentes. Tú estudia en la escuela y no te preocupes de todo eso, ya les ayudarás cuando crezcas si quieres.
-No me gusta, quiero quitar eso. Todos pueden ser felices si yo lo soy.
-Bueno, ya cambiamos el mundo luego que se nos hace tarde. Ahora sigamos, que tu padre vuelve hoy de su viaje de negocios y aún me queda por hacer la cena.
-Vale. Jo, tengo ganas de ver a papá.
-Y yo hija, y yo…

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One thought on “Zoe y sus sindipentes”

  1. mAriaMadre12 says:

    Muy bonito, para reflexionar sobre nuestra actitud para con los demás y que le estamos enseñando a nuestros hijos al respecto

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